Cautivos del mal (1952). Hollywood tóxico, Hollywood güeno

Cautivos del mal. 1952. Título original: The bad and the beautiful. De Vincente Minelli. Con Kirk Douglas, Lana Turner, Walter Pidgeon, Gloria Grahame, Barry Sullivan y Dick Powell. imdb

Kirk Douglas amando y chuleando a Lana Turner. Foto thefoxling

¿A una persona tóxica se la disculpa más por pertenecer al star system? Hace unos años, un libro bastante tostón y sobrevalorado pero de afortunadísimo título popularizó para siempre la expresión ‘gente tóxica’ al referirse a individuos como el protagonista de esta película.

Por resumir: Tres personas, una actriz (Turner), un director (Sullivan) y un guionista (Powell) son convocados al despacho de un productor (Pidgeon), quien les propondrá volver a trabajar con Jonathan Shields (Douglas), un productor ejecutivo sin escrúpulos para conseguir lo que se propone. Durante el 90% de la película, los tres personajes van desgranando lo que fueron sus vidas tras encontrarse a Shields. Coinciden en triunfo profesional y ruina personal.

Como su casi contemporánea Sunset Blvd., Cautivos del mal es cine en el cine, con personajes tan reconocibles como von Stroheim, a propósito de la película de Wilder, David O. Selznick, o (me dicen por ahí que sí, que sí) Diana Barrymore, tía y sobrina respectivamente de los dos miembros más famosos de la dinastía, Drew y Lionel.

Entre escenas que reflejan un Hollywood bifronte, sublime y despiadado, se desarrollan los recuerdos de los tres protagonistas, que narran en primera persona, llevando a un final tremendo e ¿inesperado?. Cautivos del mal ofrece escenas de las que se recuerdan toda la vida, sin olvidar la película en su conjunto. En el apartado técnico, notable fotografía y decoración. Oscar a Gloria Grahame como actriz secundaria por una de las actuaciones más cortas y argumentalmente tardías de los secundarios oscarizados (la superará Judi Dench), como mujer del guionista sureño. ¿Alguna compensación de no-oscar de ediciones anteriores? Hollywood funciona asi.

Es precisamente esta frase, así funciona Hollywood, la que sobrevuela toda la película. Un Hollywood fagocitador, amoral, fascinante, creador, maravilloso y cruel. Todo junto. Véanla si no lo han hecho ya. 

Ah, ¿que si a una persona tóxica se le perdona más por pertenecer al star-system? Dependerá de las tragaderas de cada. Pero ya me saben ustedes cómo funciona Hollywood ¿verdad?

Calificación: 

Puntuación: 4.5 de 5.

Momentaco Cautivos del mal: Hay tantos… el pasmo de Georgia al llegar a casa de Jonathan, la escena posterior del coche, James Lee leyendo el periódico (recuerda a una parecida de Diane Keaton en El padrino)… Pero me quedo con el rodaje de la escena final de la película de Georgia Lorrison, con ese plano ascendente donde resalta la felicidad por la obra bien hecha. Te devuelve durante diez segundos la fe en la inexistente bondad hollywoodiense.

Ilumina el sol la nieve en mi arrabal y termino de escribir oyendo a Salvador Sobral. Feliz fin de semana.

Ronda rápida. 15 de enero

Periódico digital ABC. 15 de enero de 2021

El retraso del 14-F forzaría a Sánchez a decidir sobre los indultos.

Habla de los golpistas nacionalistas, es que ya se supone que tenemos que saberlo. Aunque en la foto salga una imagen con la estampa inconfundible del chulaco.

Moncloa destina 20.000 euros a contratar una maquilladora.

Omnia vanitas con el vacuo de Sánchez.

El confinamiento domiciliario se vuelve un arma inevitable para la tercera ola

Haberlo pensado en Nochebuena y Nochevieja, españolitos mataabuelos.

El Gobierno fracasa en su intento de adaptar la Universidad al COVID

Los que fracasan son esos chiringos politizados expedidores de títulos devaluados por ellos mismos.

México desenfoca la Conquista para utilizarla políticamente

Estamos acostumbrados a estas mierdas. Su número de apariciones en titulares es directamente proporcional a la incapacidad de los mandatarios mexicanos, una estupenda cortina de humo. No debería ni ser titular.

Lo Cortés no quita lo hasta los cojones

Liz Cheney, la Margaret Thatcher de EEUU

Ya quisiera Liz Cheney

Biden se desmarca y no participa en el juicio a Trump

Juro en cinco días, dejadme de astracanadas, hasta le voy a indultar de todo lo indultable. Al tiempo.

La polémica de la ‘tesis de Dani

Jaaaaajajaajajaaa jaaaajaajajajaajaajaa jaajaajaajaajaaaaaaa

Pipi Estrada se enamora en un paso de cebra

¿Quién es Pipi Estrada?

Las mejores localizaciones de series y películas en Europa

Me quedo con las de El Cid.

 

Escrito una mañana clara y helada, oyendo la larguísima Waltzing Mathilda, de The Pogues

Quejoteos

He dejado las redes sociales. Al menos Twitter y Facebook. Son un nido de quejoteo y mala leche y yo he llegado a una edad en la que no me aporta nada. Mantengo Instagram porque no tiene tan mal rollo. 

En estos días tan complicados y extraños (aunque lo extraño ya sería lo ‘no-extraño’ ¿verdad?) podemos ver todo tipo de conexiones televisivas con diferentes lugares. Con motivo de Filomena llaman mucho la atención, y cansan, determinados quejoteos. Hasta tal punto que ya las declaraciones sin queja son muy bienvenidas.

En cuanto ocurre algún imprevisto, son los aeropuertos los que se convierten en la zona cero de la declaración quejumbrosa. Generalizando un rato largo: Se juntan en el aeropuerto los yuppitones y los pijos, dos grupos compuestos por gente que se cree con derecho a todo, maleducados e impacientes. Porque el pecado nacional español no es la envidia, es la impaciencia, otro día lo hablamos.

Y hay que sumar otro tipo de gente, los más normales, los que han hecho un esfuerzo económico para poder viajar por turismo, y algunos probablemente por primera vez en dos años (suele ser bianual) para reunirse con su familia. Los tres grupos forman un cóctel Molotov, entre la tontería de los primeros y segundos y la desesperación de los terceros, legítima, ya que algunos de ellos llevaban varios días en el aeropuerto, si no fuera tan petardamente quejumbrosa y si no se quejaran, en la práctica, de que nieva. Vean los comentarios del vídeo.

Vyacheslav Molotov tó contento viendo la que ha montado en Barajas

El caso es que como parece que en España se hace más caso al que protesta y la monta (a cuarenta años de nacionalismos consentidos me remito como prueba), habían decidido quejarse por todo. ‘No nos dan información…’ Toma, claro, ni yo se la he podido dar a mis alumnos el viernes pasado porque nadie tenía ni puta idea de qué iba a pasar. Nadie se quejó, por cierto. Incluso un lidercillo de Todo a 100 empezó a enardecer a los demás para que gritaran ‘¡Que abran las pistas! ¡Que abran las pistas!’. Mira, tronco, supongo que nadie más interesado que el Ministerio de Fomento en abrir las pistas, aunque no te lo creas no lo hacen por fastidiarte, igual cuando las abran te crees que es gracias a ti y al coñazo que has dado. Desde luego el domingo no abría la pista ni John McClane.

Contrasta de forma brutal con la mandanga adolfina suarecina madrileña-barajeña la resignación y buena educación con la que hablaba la gente atrapada en los pueblos, incluso en aquéllos que no suelen quedar bloqueados por una nevada, y unas personas que de forma tradicional e injusta suelen formar parte de frases hechas, como si fueran el colmo de la mala educación y la ordinariez: Los camioneros. Ejemplo de serenidad y tranquilidad a pesar de estar desanimados, cansados y preocupados.

¿Y ustedes? ¿Serían de los quejicas o de los estoicos? Comenten, comenten.

Finalizado al término de una mañana semisoleada, con nieve en el exterior, oyendo The Wild Rover, de Luke Kelly, con alegría. De hecho les dejo, que tengo que dar las cuatro palmaditas. 

Apostando por… o el casino nacional

Existen expresiones que nacen y tienen éxito casi instantáneo. Y tiempo después ya se les puede aplicar aquello de ‘lo poco agrada y lo mucho cansa’, porque denotan indigencia lingüística y vaguería al no pensar en frases alternativas.

Una de ellas, no sé si nacida en el seno del politiqués o del periodistés (ah, pero ¿no es lo mismo?) es la ridiculez de ‘apostar por’. Que dicha de vez en cuando no tendría nada de particular y sería un aderezo metafórico más del lenguaje, pero que utilizada todos los días es de un absurdo que deja atrás ridiculeces en principio mayores (otro día hablaré de los titulares-película).

Haré un repaso de los titulares en Google, sólo de las últimas 24 horas. Copio fragmentos sólo de los primeros que aparecen: 

  • La apuesta por una energía asequible.
  • Farcinox apuesta por el transporte multimodal
  • Biden apuesta por savia nueva
  • Proyecto piloto que apuesta por la digitalización
  • UGT apuesta por un pacto de estado 
  • Intensificar su apuesta por el desarrollo sostenible (aquí hacemos un cóctel con otro topicazo, que no decaiga)
  • Bosch apuesta por la inteligencia artifical
  • El Valencia apuesta por Marc Roca (¿en Bwin? ¿en serio?)
  • Garafía apuesta por la salud
  • Asturias ‘apuesta’ por seguir matando más lobos (aquí, a pesar de lo tendenciosillo del titular, al menos han tenido la decencia de entrecomillarlo)

Y así, 49 titulares más. Cuarenta y nueve. En 24 horas. Señores periodistas, (y señoras, por supuesto, que una mujer es capaz de escribir tan mal como un hombre, sólo faltaba): ¿No les da un poquito de vergüenza propia o ajena leer todos estos titulares juntos? ¿Estamos en un país de ludópatas? ¿Qué es esto? ¿El casino nacional? Por favor, no sean los cansinos nacionales. ¿No se les descama seborreicamente la expresión de tanto usarla?

Evidentemente lo que digo vale también para los políticos, es sólo que no he encontrado un titular entrecomillado, pero escuchen a cualquiera un par de minutos, si lo aguantan, y ahí lo tendrán, apuesten por ello.

Para no quedar como el típico gruñetas que no ofrece soluciones, aquí tienen como sugerencia una serie de palabras para sustituir a la sobada expresión:

  • Apoyar
  • Promocionar
  • Impulsar
  • Abogar por
  • Favorecer
  • Avivar
  • Inducir
  • Promover
  • Potenciar

Y seguro que hay unas cuantas más. Por favor, paren ya.

¿Existe alguna expresión más del politiqués o del periodistés que les parezca absurda? Comenten, por favor, al fondo hay sitio.

Terminado una mañana en la que se vislumbra ya el amanecer, con una temperatura de -8º en el exterior y escuchando el Ofertorio del Requiem de Mozart, versión Herbert von Karajan.

Esta COVID, este olor selectivo

En noviembre, Felicity y yo nos contagiamos de coronavirus. Aquello que tanto temíamos tuvo como su primer síntoma no percibir el olor ni el sabor de una comida fuerte, como es un plato de bonito encebollado que yo acababa de cocinar.

Fuimos enormemente afortunados. Pasamos la enfermedad contagiosa más terrible que hemos visto en nuestras semiseculares vidas con la mencionada pérdida de gusto y olfato, dolor de cabeza y sensación febril, pero sólo la sensación.

Resultaría de una frivolidad terrible, mientras mueren decenas de miles de personas, quejarnos de que no nos sabe la comida, por lo que cuando nos preguntaban lo mencionábamos. Por eso quedó sin decir, incluso entre nosotros dos, que durante algún tiempo nuestra dieta se componía de cuatro platos diferentes: El sólido, el líquido, el gelatinoso, y el líquido con sólido, aka sopa.

Nos lo avisaron: Paciencia porque se recupera muy lentamente. ¡Como para quejarse!. Tuvimos paciencia y empezó la lenta recuperación. Dos meses después seguimos recuperándonos porque el olfato y el gusto aún siguen su camino de vuelta.

Aquí viene lo curioso: La recuperación del olfato está siendo más rápida para algunos aromas que para otros. Y lo he comprobado el día que Felicity decidió enjuagarse con Listerine: Su boca para mí olía sólo a una cosa, y no era el olor que conocía del Listerine. Olía a salicilato de metilo. (Ah, claro, el farmacéutico con sus cositas de farmacéutico). Pues se lo diré en una sola palabra: Olía a Reflex. Por algún mecanismo mi nariz sólo percibía un olor a Reflex. Y efectivamente, comprobé que en la composición del Listerine está el salicilato de metilo.

No es la única vez que me ha ocurrido. El curry, que es una mezcla de especias, lo percibo en su totalidad casi desde los primeros días de la recuperación. A la inversa, el orégano sigue sin existir para mí.

¿Hay alguien ahí fuera de la Taberna con alguna experiencia de olor selectivo en su recuperación del COVID? Que tome un trago y cuente su experiencia.

Terminado de escribir una gélida noche mientras Lee Marvin entrena a sus hombres en Doce del patíbulo.

Evocaciones del invierno con Filomena al otro lado de la ventana

La borrasca bautizada como Filomena ha traído consigo una nevada que ha dado imágenes hasta ahora nunca vistas en España, y que deberían ser suficientes para callar durante unos lustros a los amnésicos meteorológicos del ‘is qui yi ni niivi quimi intis’. Aunque no tengo mucha esperanza de que sus sinapsis recuerden estos días dentro de siquiera unos meses.

Cuando reina el tiempo suave y no se colapsan las carreteras por nieve, cuando el invierno esté aún lejos, tres obras de arte diferentes son mis favoritas, de entre todas las que evocan esta estación invernal, la misma que este comienzo de 2021 ha quedado grabada en nuestra memoria, aunque sólo sea por días en los merlucillos a los que me refiero en el párrafo anterior, que pronto volverán a brasear con su salmodia.

La nevada, de Francisco de Goya

Dos de mis grandes entretenimientos las (demasiado) pocas veces que visito El Prado son intentar repasar todos y cada uno de los personajes de El jardín de las delicias, de El Bosco, y pararme ante este cuadro de Goya, sentir su frío, la desesperación de los hombres que en él aparecen, admirar el paisaje no reconocible o estremecerme ante ese árbol vencido por el viento. Contemplar la dureza de la España del siglo XVIII, que en muchos casos es lo mismo que decir la de 1950 o, en algunos lugares, de 2021. Probablemente sea uno de los primeros cuadros no amables de Francisco de Goya, en una época en la que restan muchos años para sus obras más tenebrosas. Les recomiendo la visita a esta maravilla. Se quedarán helados.

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La nevada. Francisco de Goya. 1786

Campos de Soria, de Antonio Machado

Pocos escritores me llegan de la manera en la que lo hace Don Antonio. Dentro de su gigantesca Campos de Castilla (1912) aparecen varias poesías encadenadas, con tema soriano, en la que me conmueve especialmente, aparte de la que figura en piedra en San Saturio, este retrato de la dureza y humildad sorianas.

La nieve. En el mesón al campo abierto
se ve el hogar donde la leña humea
y la olla al hervir borbollonea.

El cierzo corre por el campo yerto,
alborotando en blancos torbellinos
la nieve silenciosa.

La nieve sobre el campo y los caminos,
cayendo está como sobre una fosa.

Un viejo acurrucado tiembla y tose
cerca del fuego; su mechón de lana
la vieja hila, y una niña cose
verde ribete a su estameña grana.

Padres los viejos son de un arriero
que caminó sobre la blanca tierra,
y una noche perdió ruta y sendero,
y se enterró en las nieves de la sierra.

En torno al fuego hay un lugar vacío
y en la frente del viejo, de hosco ceño,
como un tachón sombrío
—tal el golpe de un hacha sobre un leño—.

La vieja mira al campo, cual si oyera
pasos sobre la nieve. Nadie pasa.

Desierta la vecina carretera,
desierto el campo en torno de la casa.

La niña piensa que en los verdes prados
ha de correr con otras doncellitas
en los días azules y dorados,
cuando crecen las blancas margaritas.

Cuántas veces he repetido, en días como éstos, los cuatro últimos versos a mis hijas.

El invierno, de Vivaldi

Utilizo Las cuatro estaciones, de Antonio Vivaldi, como banda sonora para el primer pomodoro en mis sesiones de trabajo en casa, aunque quede un poco corta para 52 minutos. La última parte es el invierno, que suena así. No hay más preguntas, señoría. Disfruten este invierno, y si leen esto en otra época, simplemente evóquenlo. Y piensen que España es uno de los sitios más afortunados para disfrutar del ciclo y variedad de las estaciones.

¿O Tienen alguna otra evocación del invierno? Si es así, comenten, por favor.

Terminado de escribir escuchando la versión de Dont’ let me be misunderstood, de Santa Esmeralda, en el disco de la banda sonora de Kill Bill, una mañana de Filomena en la que comienza a derretirse la nieve.

A humble proposal

Hace poco me encontré regañando a mis hijas por poner la televisión. Me voy a explicar, no exactamente por eso, sino por eso tan del siglo XX como poner la tele ‘a ver qué echan’.

No correspondía exactamente con mi idea de mineralismo hacer algo así, sino que más bien se imagina un servidor a sus millenials hijas en Netflix o en alguna otra web más o menos ortodoxa de visionado de series. O trayendo DVDs de la biblioteca. O pirateando directamente, con voracidad sparrowiana, que tampoco me hubiera importado.

Así que mi recriminación incluyó decirles que lo que hacían era muy del siglo XX.

Me quedé pensando tras decirlo que lo referente al siglo XVIII es dieciochesco; y lo relativo al XIX, decimonónico, que por su peculiar y divertido sonido parece casi más caduco que lo dieciochesco. ¿Y lo del siglo XX? Hace tiempo, probablemente a comienzos de siglo, hubo una propuesta en ABC (estas cosas sólo pasan en ABC) de un lector o algún articulista que, descartado vigésimo, por ordinario y ordinal, de utilizar el término vígimo. Al no aparecer en el Diccionario de la Real Academia me hago a la idea de que la idea no prosperó, por lo que vuelvo aquí a lanzarla.

Quizás sea la única viable para designar un concepto que ya vamos necesitando.

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El concierto (2009)

A Peggy Sue y una noche estrellada.

El concierto (2009). Título original: Le concert. De Radu Mihaileanu. Con Alexey Guskov, Dmitriy Nazarov, Mélanie Laurent y Valeriy Barinov. 

¿Se puede tener todo en una película? Amor, comedia, drama,… Por poner un ejemplo, en El secreto de sus ojos, película contemporánea a esta joya, y a su vez otro diamante, se pueden apreciar todos estos géneros e incluso alguno más.

El concierto, sin embargo, aunque adolece de historia de amor, tiene casi todos los géneros restantes en una sola película: sátira y crítica política, comedia, drama, iniciatismo y una monumentalidad que a veces tiende a escapársenos al estar debajo de un tímpano románico del que no llegamos a advertir todos sus personajes y pliegues.

El punto de partida sirve el drama y la comedia en bandeja en poco menos de cinco minutos: Un director de orquesta del Bolshoi, un mito defenestrado por el comunismo, es limpiador en el teatro al que dio fama. Andrei Filipov hace sus ingratas labores en el momento en el que entra un fax con una invitación a la orquesta del Bolshoi para tocar en parisino Teatro del Châtelet. Andrei se quedará el fax y reunirá, con grandísimas dificultades, a los miembros de su antigua orquesta. Le faltará la primera violinista, ya veremos de dónde saldrá su historia.

El concierto es una de esas maravillas que al poner la tele y ver que está medio empezada te seduce y te engancha, y te produce un torbellino de sensaciones, las de la vida, el amor y la música. Una obra de arte donde para llegar al clímax final ha habido un trabajo casi de filigrana, con un guion casi perfecto a pesar de un par de detalles surrealistas. El reparto, donde destaca la maravillosa Mélanie Malditos bastardos Laurent, es poco conocido pero de una efectividad sorprendente. El final deja una intensísima emoción. Sí, se puede tener todo en una película.

Calificación: 9,5. Maravillosa.

Momentazo El concierto: La llorera de paquete de Klínex que me pillé desde que Anne-Marie coge el violín hasta que termina la película.

Presentación

 

Alguien me dijo un día: “¿qué tal si escribes un blog sobre tus cosas?”. Sin saber muy bien cuáles eran “mis cosas” me lancé a escribirlo pero no fui constante y abandoné. Ahora debo haberme vuelto más entretenido, o más pesado, no sé, puesto que ahora más gente que antes me dice que escriba un blog sobre “mis cosas”. Así que vuelvo a ponerme a ello.

Nací en Madrid en 1969 y me crié en el Barrio de la Fuente del Berro. La vida con el tiempo se encargó de darme cultura, carrera, un trabajo fijo de profesor, dos hijas y felicidad. Me quitó otras cosas pero quedan más que compensadas con lo anterior. Disfruto de la compañía de mi familia, de amigos, de un buen libro, de una buena película, de anécdotas, de los colores del otoño y de muchas cosas más. A veces me repito. Me llevo moderadamente bien conmigo mismo y tengo entre otras manías la de felicitar el año cuando realmente empieza, el 1 de Septiembre. Titulé el blog La Taberna de Lippincott porque admiro mucho a los ingleses, a pesar del Brexit. Me gustaría ser inglés y muchas veces me siento como tal. Pero se terminó el hablar de mí y paso a hablar de “mis cosas”.

La Taberna de Lippincott vuelve a estar abierta.

Augustus H. Lippincott

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Foto Chris Devers