A humble proposal

Hace poco me encontré regañando a mis hijas por poner la televisión. Me voy a explicar, no exactamente por eso, sino por eso tan del siglo XX como poner la tele ‘a ver qué echan’.

No correspondía exactamente con mi idea de mineralismo hacer algo así, sino que más bien se imagina un servidor a sus millenials hijas en Netflix o en alguna otra web más o menos ortodoxa de visionado de series. O trayendo DVDs de la biblioteca. O pirateando directamente, con voracidad sparrowiana, que tampoco me hubiera importado.

Así que mi recriminación incluyó decirles que lo que hacían era muy del siglo XX.

Me quedé pensando tras decirlo que lo referente al siglo XVIII es dieciochesco; y lo relativo al XIX, decimonónico, que por su peculiar y divertido sonido parece casi más caduco que lo dieciochesco. ¿Y lo del siglo XX? Hace tiempo, probablemente a comienzos de siglo, hubo una propuesta en ABC (estas cosas sólo pasan en ABC) de un lector o algún articulista que, descartado vigésimo, por ordinario y ordinal, de utilizar el término vígimo. Al no aparecer en el Diccionario de la Real Academia me hago a la idea de que la idea no prosperó, por lo que vuelvo aquí a lanzarla.

Quizás sea la única viable para designar un concepto que ya vamos necesitando.

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El concierto (2009)

A Peggy Sue y una noche estrellada.

El concierto (2009). Título original: Le concert. De Radu Mihaileanu. Con Alexey Guskov, Dmitriy Nazarov, Mélanie Laurent y Valeriy Barinov. 

¿Se puede tener todo en una película? Amor, comedia, drama,… Por poner un ejemplo, en El secreto de sus ojos, película contemporánea a esta joya, y a su vez otro diamante, se pueden apreciar todos estos géneros e incluso alguno más.

El concierto, sin embargo, aunque adolece de historia de amor, tiene casi todos los géneros restantes en una sola película: sátira y crítica política, comedia, drama, iniciatismo y una monumentalidad que a veces tiende a escapársenos al estar debajo de un tímpano románico del que no llegamos a advertir todos sus personajes y pliegues.

El punto de partida sirve el drama y la comedia en bandeja en poco menos de cinco minutos: Un director de orquesta del Bolshoi, un mito defenestrado por el comunismo, es limpiador en el teatro al que dio fama. Andrei Filipov hace sus ingratas labores en el momento en el que entra un fax con una invitación a la orquesta del Bolshoi para tocar en parisino Teatro del Châtelet. Andrei se quedará el fax y reunirá, con grandísimas dificultades, a los miembros de su antigua orquesta. Le faltará la primera violinista, ya veremos de dónde saldrá su historia.

El concierto es una de esas maravillas que al poner la tele y ver que está medio empezada te seduce y te engancha, y te produce un torbellino de sensaciones, las de la vida, el amor y la música. Una obra de arte donde para llegar al clímax final ha habido un trabajo casi de filigrana, con un guion casi perfecto a pesar de un par de detalles surrealistas. El reparto, donde destaca la maravillosa Mélanie Malditos bastardos Laurent, es poco conocido pero de una efectividad sorprendente. El final deja una intensísima emoción. Sí, se puede tener todo en una película.

Calificación: 9,5. Maravillosa.

Momentazo El concierto: La llorera de paquete de Klínex que me pillé desde que Anne-Marie coge el violín hasta que termina la película.

Presentación

 

Alguien me dijo un día: “¿qué tal si escribes un blog sobre tus cosas?”. Sin saber muy bien cuáles eran “mis cosas” me lancé a escribirlo pero no fui constante y abandoné. Ahora debo haberme vuelto más entretenido, o más pesado, no sé, puesto que ahora más gente que antes me dice que escriba un blog sobre “mis cosas”. Así que vuelvo a ponerme a ello.

Nací en Madrid en 1969 y me crié en el Barrio de la Fuente del Berro. La vida con el tiempo se encargó de darme cultura, carrera, un trabajo fijo de profesor, dos hijas y felicidad. Me quitó otras cosas pero quedan más que compensadas con lo anterior. Disfruto de la compañía de mi familia, de amigos, de un buen libro, de una buena película, de anécdotas, de los colores del otoño y de muchas cosas más. A veces me repito. Me llevo moderadamente bien conmigo mismo y tengo entre otras manías la de felicitar el año cuando realmente empieza, el 1 de Septiembre. Titulé el blog La Taberna de Lippincott porque admiro mucho a los ingleses, a pesar del Brexit. Me gustaría ser inglés y muchas veces me siento como tal. Pero se terminó el hablar de mí y paso a hablar de “mis cosas”.

La Taberna de Lippincott vuelve a estar abierta.

Augustus H. Lippincott

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Foto Chris Devers